La segunda edición de “Mujeres al Volante de un Scania” volvió a poner el foco en la participación femenina en una actividad donde persiste el déficit de conductores profesionales y la baja representación de mujeres en el sector. La propuesta combinó capacitación, experiencias de manejo y difusión del programa Conductoras.
Scania realizó una nueva edición de la jornada “Mujeres al Volante de un Scania”, una actividad orientada a visibilizar y fomentar la incorporación de mujeres al transporte de cargas, en articulación con la comunidad Mujeres al Volante y la Fundación Profesional para el Transporte (FPT), brazo académico de FADEEAC.

El encuentro se desarrolló en el Centro de Capacitación Profesional para el Transporte y reunió a participantes de distintos puntos del país. Según datos difundidos durante la actividad, esta segunda edición registró 1.000 inscriptas, frente a 845 interesadas en la convocatoria inicial.
La agenda incluyó charlas sobre conducción segura y eficiente, actividades de preparación previa y pruebas dinámicas con unidades de la gama Scania Super, entre ellas versiones vinculadas a la edición especial por los 50 años de la marca en Argentina.
Más allá del carácter experiencial del evento, el eje de fondo volvió a girar sobre un tema estructural para el transporte: la dificultad para ampliar la base de conductores profesionales y la necesidad de incorporar nuevos perfiles en un mercado laboral históricamente masculinizado.

En ese marco, la jornada también sirvió para mostrar avances del programa Conductoras, iniciativa de formación impulsada por Scania que, según la compañía, ya cuenta con 84 egresadas. El esquema apunta a capacitar mujeres para desempeñarse profesionalmente al volante de vehículos pesados, en momentos en que el sector discute cómo responder a la escasez de choferes y a los cambios generacionales en la actividad.
Durante el encuentro participaron egresadas del programa que compartieron experiencias sobre inserción laboral y recorrido profesional, sumando una dimensión práctica a una discusión que ya excede a las acciones de responsabilidad corporativa y empieza a instalarse como una cuestión de sustentabilidad operativa para el transporte.
La actividad contó además con la participación de la comunidad Mujeres al Volante, fundada por Luly Dietrich, orientada históricamente a acompañar procesos de formación y autonomía vinculados a la conducción.

UN DEBATE QUE GANA LUGAR EN EL TRANSPORTE
La participación femenina en el autotransporte de cargas sigue siendo reducida en Argentina y en buena parte de la región, aunque en los últimos años comenzó a ganar visibilidad por una combinación de factores: falta de conductores, renovación generacional, mayores exigencias de profesionalización y cambios culturales dentro de las empresas.
En ese contexto, iniciativas como Conductoras o este tipo de jornadas cumplen un doble rol: funcionan como instancia de acercamiento a la actividad, pero también como señal de que la discusión sobre género empieza a formar parte de la agenda sectorial.
El interés creciente reflejado en las inscripciones parece mostrar que existe una demanda latente por ingresar a una actividad que durante décadas estuvo prácticamente cerrada para las mujeres.

Más allá del componente simbólico, el desafío de fondo sigue siendo otro: transformar esas experiencias en acceso real al empleo, formación sostenida y condiciones de inserción duraderas dentro del transporte profesional.
MÁS CONDUCTORAS, UN DESAFÍO OPERATIVO ADEMÁS DE SOCIAL
La discusión sobre sumar mujeres al volante dejó de ser solo una cuestión de diversidad. En muchas empresas empieza a ser observada también como una respuesta posible al faltante de choferes profesionales, un problema que afecta a distintos mercados del transporte.
En ese marco, ampliar la base de conductores aparece menos como una política de imagen y más como parte de una discusión sobre recursos humanos, productividad y continuidad operativa.

FORMACIÓN, EL PUNTO DONDE SE JUEGA LA INCLUSIÓN
La barrera principal no suele estar en el interés por conducir, sino en el acceso a capacitación, licencias y primeras oportunidades laborales.
Por eso, programas de formación específicos se vuelven centrales: sin entrenamiento técnico y sin apertura del mercado laboral, las iniciativas de promoción corren el riesgo de quedar en el plano simbólico.
