El fabricante sueco de camiones y buses está considerando introducir en Brasil la tecnología europea de motores diésel alimentados con GNL, al tiempo que mantiene el biodiésel como su principal estrategia de descarbonización a corto plazo.
13-07-26.-Volvo tiene previsto introducir su tecnología de camiones propulsados por gas natural licuado (GNL) en el mercado brasileño, ampliando así su cartera de soluciones de bajas emisiones en un momento de avance de la infraestructura de combustibles renovables e intensificación de la carrera por descarbonizar el transporte pesado.
Sin revelar un calendario de lanzamiento, el fabricante confirmó que Brasil forma parte de sus planes para expandir la tecnología, que la empresa ya utiliza en el mercado europeo y que está empezando a implementarse en otros países latinoamericanos.

“Estamos implementando esta tecnología en algunos mercados sudamericanos, como Chile y Perú. Brasil también debería recibirla pronto para que podamos empezar a operar mejor en este mercado”, declaró Alcides Cavalcanti, director general de Volvo Trucks en Brasil. Hasta ahora, la empresa había concentrado sus esfuerzos en el desarrollo de camiones capaces de funcionar con biodiésel B100 y en proyectos de electrificación para aplicaciones específicas.
Según Cavalcanti, Volvo tiene la intención de traer a Brasil la misma solución adoptada en Europa, basada en motores de ciclo diésel alimentados con GNL.
Según la evaluación de la empresa, esta tecnología ofrece ventajas sobre los motores de ciclo Otto, que son utilizados por una gran parte de los camiones a gas disponibles actualmente en el mercado.

“Nuestros competidores utilizan tecnología de gas con un motor de ciclo Otto, que es el motor de los automóviles. Pero el ciclo diésel ofrece una eficiencia energética mucho mayor. Se puede obtener más par motor y más potencia con el ciclo diésel que con el ciclo Otto”, afirmó.
Según el ejecutivo, estas características hacen que la solución sea más adecuada para operaciones de transporte pesado de larga distancia. «Entendemos que esta tecnología es más interesante desde la perspectiva del transporte». Volvo no especificó cuándo se presentarán los primeros modelos en Brasil.
Si bien sigue de cerca la evolución de los camiones eléctricos, el fabricante considera que el principal obstáculo para la expansión de esta tecnología sigue siendo la viabilidad económica. La compañía ya ha puesto en marcha camiones eléctricos con clientes brasileños para realizar pruebas comerciales, pero considera que el costo total de propiedad (CTP) aún impide una mayor adopción.

«Los camiones están funcionando muy bien, pero las cifras aún no cuadran. Ese es el gran reto para los vehículos eléctricos, tanto de nuestra marca como de la competencia.»
Según Cavalcanti, la diferencia de precio con respecto a los modelos diésel sigue siendo elevada. «Los clientes valoran la sostenibilidad, pero la diferencia de precio sigue siendo muy significativa».

EN ARGENTINA: TECNOLOGÍA DISPONIBLE, PAÍS NO PREPARADO
El presidente de Volvo Trucks & Buses Argentina, Björn Andersson no duda: Volvo tiene camiones a gas, eléctricos y soluciones listas para reducir emisiones. Podría traerlos a la Argentina “mañana mismo”. Pero no lo hace. Y la razón no es técnica: es estructural.
La Argentina sigue corriendo detrás de una agenda energética global que avanza más rápido que su propia infraestructura. Mientras en Europa se discuten restricciones cada vez más exigentes y en otros mercados las flotas ya operan con GNL o electricidad, en el país todavía se debate lo básico: financiamiento, estabilidad económica y acceso a combustibles.
El planteo de Andersson es claro —aunque diplomático—: sin condiciones reales, la transición energética no tiene sentido.
Porque el problema no es si los camiones existen. Existen. El problema es si pueden trabajar.

¿Hay red de abastecimiento suficiente para GNL?
¿Hay infraestructura eléctrica para flotas pesadas?
¿Hay previsibilidad para amortizar inversiones de este tipo?
Hoy, la respuesta es incómoda: no.
En ese contexto, el diésel —cada vez más cuestionado a nivel global— sigue siendo, paradójicamente, la única opción verdaderamente viable para el transporte pesado argentino.
La discusión de fondo no pasa por qué tecnología elegir, sino por algo mucho más profundo: si el país está en condiciones de acompañar el cambio.
Porque sin infraestructura, sin financiamiento y sin reglas claras, cualquier transición corre el riesgo de ser más discursiva que real.
