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PORQUÉ EL GASOIL ARGENTINO YA ES EL SEGUNDO MÁS CARO DE SUDAMÉRICA

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A pesar de la estabilidad registrada durante agosto, su precio continúa entre los más elevados de la región. En los primeros ocho meses de 2026, el gasoil común acumuló un incremento superior al 32 por ciento.

El precio del gasoil vuelve a encender una señal de alerta para el transporte de cargas argentino. Aunque durante agosto los surtidores mostraron una relativa estabilidad, el combustible utilizado mayoritariamente por los camiones quedó ubicado como el segundo más caro de Sudamérica, solamente por debajo de Perú.

La comparación regional cobra especial importancia porque el gasoil no es simplemente un producto de consumo. Su valor atraviesa prácticamente toda la actividad económica: determina una parte sustancial de los costos del transporte, incide en la producción agropecuaria, condiciona la logística y finalmente termina trasladándose al precio de los bienes.

Para una empresa transportista, además, se trata de uno de los principales componentes de su estructura operativa. Por eso, cada modificación en el surtidor repercute de manera inmediata sobre la rentabilidad y obliga a revisar tarifas, recorridos y condiciones de contratación.

AUMENTOS POR ENCIMA DEL 30 POR CIENTO

Los combustibles acumularon incrementos importantes durante los primeros ocho meses de 2026. En las estaciones de servicio de YPF de la Ciudad de Buenos Aires, el litro de nafta súper pasó de $1.566 en enero a $2.045 en agosto. La diferencia representa una suba del 30,6 por ciento.

La nafta Premium, por su parte, avanzó desde $1.780 hasta $2.258 por litro, con un aumento cercano al 26,9 por ciento.

Sin embargo, las variaciones más fuertes se produjeron en el combustible directamente relacionado con el transporte pesado. El gasoil común comenzó el año con un precio de $1.601 por litro y llegó en agosto a $2.116, acumulando un incremento del 32,2 por ciento.

En el caso del gasoil Euro, el precio pasó de $1.809 a $2.342 por litro, lo que representa una variación aproximada del 29,5 por ciento.

De esta manera, el gasoil común no solamente registró la mayor suba entre los combustibles analizados, sino que avanzó por encima del aumento observado en las dos variedades de nafta.

EL IMPACTO DEL DÓLAR Y LOS IMPUESTOS

Durante julio, los precios de las naftas y del gasoil habían aumentado en promedio entre 1 y 2,5 por ciento. La evolución del tipo de cambio oficial y la aplicación parcial de los incrementos pendientes en el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono estuvieron entre los principales factores detrás de esos movimientos.

A ello se sumó la evolución del precio del petróleo utilizado por las refinerías. El crudo Medanito había alcanzado durante junio valores de entre 70 y 75 dólares por barril, aunque todavía se encontraba por debajo de algunas referencias de exportación.

En agosto, en cambio, el mercado ingresó en un período de mayor estabilidad. Incluso se observaron reducciones puntuales de entre 1 y 1,5 por ciento en el precio de la nafta súper en determinadas estaciones de servicio y regiones del país.

La menor demanda interna y la decisión del Gobierno de continuar administrando la actualización de los impuestos ayudaron a moderar las variaciones. Sin embargo, esa calma circunstancial no fue suficiente para mejorar la posición de Argentina frente a los demás países de Sudamérica.

UN MECANISMO PARA AMORTIGUAR LAS VARIACIONES

Parte de la estabilidad de agosto estuvo relacionada con la política de precios implementada por YPF. La petrolera utiliza un mecanismo de amortiguación que evita trasladar de manera automática al surtidor cada movimiento del petróleo internacional o del tipo de cambio.

El sistema trabaja con una banda de precios que permite absorber oscilaciones de corto plazo. De este modo, una variación puntual del barril de petróleo o del dólar no necesariamente produce un aumento o una reducción inmediata en las estaciones de servicio.

El mecanismo puede aportar mayor previsibilidad y evitar modificaciones permanentes, aunque no elimina la tendencia acumulada. Los valores registrados entre enero y agosto muestran que, aun con períodos de estabilidad, el costo final del combustible avanzó con fuerza durante el año.

EL TRANSPORTE PIERDE COMPETITIVIDAD

Que Argentina tenga el segundo gasoil más caro de Sudamérica no constituye solamente una curiosidad estadística. Es una desventaja concreta para una actividad que debe recorrer enormes distancias y que, en gran parte del país, no dispone de alternativas logísticas capaces de reemplazar al camión.

Para el transporte, el problema tampoco termina en el precio publicado en el surtidor. A ese valor deben agregarse peajes, seguros, neumáticos, mantenimiento, salarios y una carga impositiva que continúa presionando sobre estructuras empresarias cada vez más ajustadas.

La estabilidad de un mes puede ofrecer cierto alivio y facilitar la planificación, pero no resuelve la cuestión de fondo. Si el gasoil argentino se mantiene entre los más caros de la región, transportar mercadería también será más costoso y la economía perderá competitividad.

El debate, entonces, no debería limitarse a determinar cuánto aumenta el litro cada mes. También será necesario analizar qué parte de ese precio corresponde al producto, cuánto representan los impuestos y de qué manera podría construirse una política energética que contemple el carácter estratégico del transporte de cargas.

Porque cuando aumenta el gasoil no solamente se encarece el viaje de un camión: se encarece el movimiento de toda la producción argentina.


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