Pasión y cariño

Luego de tres instancias de selección previas, Héctor Gastaldello, oriundo de la provincia de Santa Fe, resultó ganador del concurso “Yo tengo el Mejor Scania”. El propietario del L75 de 1962, se hizo acreedor de un viaje a Brasil para dos personas con todos los gastos pagos, galardón que recibió de manos de las autoridades de Scania Argentina durante el evento de la celebración del 40° aniversario de la actividad productiva, ininterrumpida, de la marca sueca en el país.

Orgulloso. No es para menos. Así se siente Héctor Gastaldello al saberse propietario del Mejor Scania de la República Argentina. Un camión del que se “enamoró” a primera vista pero recién fue correspondido hace seis años cuando, finalmente, pudo hacerlo suyo.
“No tenía nada que ver con el camión pero conocía su trayectoria. Incluso hubo un tiempo en el que perdí su rastro. Sin embargo entre colegas, podemos estar lejos, pero nos conocemos todos. Y tras unas charlas, mate mediante, me enteré que estaba en Firmat, luego del fallecimiento del dueño original. Julio Kovacevich, también conocía la historia del camión gracias a los comentarios de su padre quien era colega del propietario original del Scania L75”, detalla emocionado Gastaldello.
Como el mismo destaca en su relato, nunca supo cuánto tiempo el camión quedó inactivo pero sí cómo volvió a ponerse en funcionamiento gracias a su segundo dueño.
“A Kovacevich le interesó mucho el camión y finalmente se lo pudo adquirir a la familia que sólo lo poseía como un recuerdo. La relación que había forjado su padre hizo que finalmente esta gente se lo vendiese. Julio lo compró con un acoplado que no era común y que sólo se utilizó en los años ´70 y ´80: un “súper cargador” de 4 ejes. Con este camión iba a los campos donde se levantaba la cosecha y lo utilizaba de “arrime” hasta el silo. Sabía de esto por una foto que él mismo me mandó cuando se enteró de mi interés por el camión”, rememora Héctor.
Una tragedia hizo que Gastaldello se transformara en el actual propietario de este Scania de 1962.



“Lamentablemente, en un accidente automovilístico, Kovacevich falleció. Quedando su familia a cargo del camión y de otros siete Scania 113. Estuve dos años negociando con sus hermanas pero el L75 no era parte de la sociedad. Fue entonces su viuda quien me lo vendió”, comenta los pormenores el transportista santafesino.
Una vez en su poder, la restauración le llevó cerca de dos años.
“El camión estaba cuidado al extremo. Tenía todo lo original, no le faltaba nada. Lo desarmé por completo. Se le hizo chapa y pintura. El camión no tenía golpes ni estaba “picado”. Estaba muy bien conservado por la gente que lo había tenido antes y por la fortaleza misma de ser un Scania. Al lado de otros, con los mismos años de antigüedad, el Scania tiene más del cincuenta por ciento de sus componentes “chiche, bombón””, resalta las bondades del camión y la marca que lleva en el alma desde los 18 años cuando comenzó como chofer autónomo.
Pintado con el color de sus tiempos, con la restauración del piso con el mismo tipo de madera especial veteada de una 1 pulgada y media y con todas las piezas de una cabina en el mismo estado de fabricación.
“Funciona todo. La bocina, el velocímetro, la calefacción, los accesorios como las balizas de aquellos tiempos. El motor, según los que saben, nunca fue destapado y acusa 840 mil kilómetros. Tiene todo como en sus mejores tiempos”, cuenta, Gastaldello con inusitado placer.
El fanatismo de la marca nació desde que empezó su vida como transportista, a bordo de un Bedford. Su sueño de llegar a comprar un Scania parecía lejano, casi imposible. “No llegaba nunca”, dice como reviviendo el sufrimiento de la impotencia. Sin embargo, el trabajar duro y con constancia, con mucho sacrificio, tras permitirle la adquisición de un segundo Bedford, lo llevó a su primer L111 en el año 1978.
“Así seguí hasta el 1991. Si bien el Scania es el mejor camión, los demás también ayudan. Cuando ya me empezó a dar el bolsillo sumé más a la flota. Cuesta comprarlos pero cuando los tenés, todo funciona como una caja de cambios: engranas primera, segunda, tercera y así vas para adelante. No voy a ir gritándolo por megáfono pero, a mí, los camiones Scania me han “servido”, esa ha sido mi experiencia”, no duda en destacar el ganador del concurso “Yo tengo el Mejor Scania”.
Con una flota moderna que incluye modelos desde el año 2000, como los 114R y algún V8, y también algunos históricos como dos 113, un Topline y un L111, la empresa de Héctor Gastaldello, realiza, en un 60 a 70% de su actividad, transporte de cerveza mientras que el resto lo dedica a los cereales y a cargas refrigeradas.
“La imagen de la empresa la llevan adelante los camiones modernos con los que hacemos un gran esfuerzo para mantenerlos y que brinden el mejor servicio. Son nuestro medio de vida. El Scania L75 es el amor de mi vida. En esto hay mucho de pasión y cariño. Lograr tenerlo así y que funcione lo mejor posible ha sido mi “chifle”. El sueño de mi vida. Lo puedo usar para dar una vuelta pero en realidad está acá en la empresa como una reliquia. Es poder tenerlo después que se me había escapado entre los dedos”, remata con esa misma convicción de amor por la marca que le ha devuelto, con el reconocimiento, tanta fidelidad.

Los otros finalistas

El podio del Concurso, “Yo tengo el Mejor Scania”, los completaron Gastón Casella y Guillermo Dalli, quienes participaron con sus modelos 113 Topline y 113H respectivamente.

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