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EL COSTO INVISIBLE DE UNA RUTA EN MAL ESTADO

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Mientras avanzan nuevas concesiones y suben las tarifas en corredores clave, buena parte de la red vial nacional sigue arrastrando baches, obras demoradas, baja capacidad y deterioro estructural. Para el transporte de cargas, la ecuación ya no se mide solo en tiempo perdido: también pega en neumáticos, suspensiones, consumo, roturas, carga y seguridad vial.

09-03-26.-Para el transportista, circular por una ruta deteriorada genera una cadena de sobrecostos que muchas veces no se ven a simple vista, pero que terminan impactando directamente en la ecuación de la empresa.

El primer impacto es mecánico. Las irregularidades del pavimento multiplican el esfuerzo sobre neumáticos, amortiguadores, elásticos, bujes, rulemanes, alineación y dirección. Un camión que circula regularmente por rutas deterioradas acorta la vida útil de sus componentes y aumenta la frecuencia de reparaciones.

El segundo impacto es operativo. Cuando el conductor debe reducir la velocidad, frenar constantemente o esquivar deformaciones del asfalto, el consumo de combustible aumenta y la productividad del vehículo disminuye. En términos logísticos, esto significa menos kilómetros por jornada y mayor costo por tonelada transportada.

El tercer impacto es sobre la carga. Vibraciones, golpes y oscilaciones permanentes afectan especialmente a mercaderías sensibles: alimentos, productos industriales, envases, materiales frágiles o paquetería.

Y finalmente aparece el impacto más delicado: la seguridad vial.

Cuando una ruta obliga a circular esquivando baches o utilizando banquinas deterioradas, el margen de error se reduce. En corredores saturados de tránsito pesado, esa situación puede transformarse rápidamente en escenarios de alto riesgo.

UNA TRANSICIÓN LARGA PARA UNA DEUDA HISTÓRICA

El sistema vial argentino arrastra un atraso importante en materia de mantenimiento y ampliación de capacidad. Durante años, el crecimiento del tránsito pesado superó ampliamente el ritmo de inversión en infraestructura.

Por eso, aun si las nuevas concesiones logran ordenar el esquema de mantenimiento, la recuperación no será inmediata.

Muchas rutas ya no necesitan simples reparaciones: requieren reconstrucciones estructurales, ampliaciones de calzada o directamente transformarse en autopistas para absorber el volumen actual de tránsito.

Mientras tanto, el transporte seguirá enfrentando un escenario exigente: rutas con desgaste acumulado, costos operativos elevados y una logística que depende cada vez más de corredores que necesitan inversiones urgentes.

Porque, en definitiva, el camión seguirá moviendo la economía argentina.
La pregunta es sobre qué rutas tendrá que hacerlo en los próximos años.


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